6 de octubre de 2015

¿Cuánto te amas?

Pocas veces nos hemos puesto a pensar cuánto nos amamos a nosotros mismos, pero nuestra actitud frente a la vida y frente a los demás es prueba fehaciente e irrefutable de que probablemente nos amamos mucho a nosotros mismos, tal vez demasiado. 

Que me quieran como soy. Que se aguanten. Yo soy así. No me importa lo que los demás piensen. Tengo un carácter fuerte y no lo puedo cambiar. Frases todas que sólo demuestran nuestro excesivo amor propio. 

Y así se nos pasan los días, pensando más en nosotros mismos que en los demás. 

Es cierto que debemos cuidarnos y cultivarnos en nuestro interior y nuestro exterior; pero ¿no crees que tal vez nos estamos amando demasiado y eso nos ha convertido de alguna manera en una sociedad de personas egoístas y faltos de generosidad?






























¿Sabes qué estoy recordando en éste momento?  Que mi madre siempre nos decía: 
- Nadie es moneda de oro como para gustarle a todo el mundo.
Y es cierto! A veces no somos capaces de ser lo suficientemente agradecidos con aquellas personas que se toman un momento del día para llamarnos, saludarnos, invitarnos, regalarnos una sonrisa, darse a nosotros, dedicarnos tiempo, entregarnos su cariño... no somos una moneda de oro que todos deben querer por obligación! 

Debemos mejorar nuestra capacidad de entrega, nuestra amabilidad con los demás, bajar la guardia un poco, tirar abajo ese excesivo sentido de autodefensa. 

¿Podríamos sonreír más? ¿Buscar el trato agradable? ¿Darnos más? ¿Confiar más? ¿Perdonar más? ¿Enfadarnos menos? ¿Tener más paciencia con los demás? ¿Alegrarnos más por las alegrías de los demás? Lo sé, es una tarea difícil, pero se puede hacer!

Ahora me viene a la mente eso de "amarás al prójimo como a ti mismo". Qué gran forma de medir nuestro amor por los demás. Si probablemente nuestra pobre pero a la vez maravillosa naturaleza humana nos hace amarnos más que a nada ni a nadie, nuestro amor y entrega hacia los demás tendría que ser, como mínimo, en igual medida. Sólo así, ese amor propio puede convertirse en generosidad. Se trata de darnos a los demás en la misma medida en que a nosotros nos gustaría que nos amen. 

"Lo que hace al mundo ingrato es la falta de amabilidad de las personas que lo habitan. Por eso, vale la pena que te detengas un momento y te tomes la molestia de entender el verdadero significado de esta virtud, porque es más fácil practicar lo que se conoce bien.

Esta frase la leí por casualidad en una librería y desde ese mismo instante me cautivó el libro que ahora - si me lo permites - quisiera recomendar: El Poder Oculto de la Amabilidad de Lawrence G. Lovasik. 

Tenemos que aprender a tener una actitud amable, real, verdadera, fiel, generosa. ¿Hablamos con amabilidad? ¿Obramos con amabilidad? ¿Cómo es nuestra amabilidad en nuestro hogar, colegio o trabajo? 





Y ahora me pregunto: ¿Cuánto hay que amar? ... como decía la Madre Teresa de Calcuta, "hasta que duela."  Dar las sobras de nuestro corazón no es suficiente.

Un abrazo, 

Chily 


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